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Desimprimir también es tecnología verde

En el mundo que busca que la tecnología mejore la calidad de vida sin afectar el planeta, un mexicano hace que desimprimir ya no sea una tarea pendiente.

Vía MIT Technology Review

La cuarta revolución industrial está llena de promesas fantásticas pero también de retos aterradores el (vencido) acuerdo de Kioto no logró las mejoras esperadas y los actuales precios del petróleo hacen poco para desalentar los usos tradicionales en invertir en conversiones de energía verde.

Mientras avanzamos en lo que puede ser una de las más grandes y fundamentales transformaciones para el futuro del planeta, igual podemos salvar algunos árboles y llevar el “reciclaje” de lo artesanal al high tech.

Las impresoras actuales son cada vez más inteligentes: inalámbricas, con escáner y fax integrados, capaces de conectarse al correo electrónico, imprimir desde la nube y recibir órdenes desde una tableta o teléfono. Lo que aún no pueden hacer es, precisamente, deshacer sus trabajos. La cara del papel que ya se ha imprimido no se puede volver a utilizar.

En lugar de eso se alimentan de un flujo incesante de nuevas hojas en blanco. Aunque la producción de pulpa de papel y otros productos asociados se ha ralentizado en Occidente, esta industria es responsable de 420 millones de toneladas de emisiones directas e indirectas de dióxido de carbono anuales y sus fábricas son voraces consumidoras de agua y energía.

Pero, ¿y si la impresora tuviera también un botón de desimprimir, que permitiera convertir las hojas impresas en nuevamente utilizables? Esta posibilidad no parece lejana gracias al trabajo del mexicano David Leal, ingeniero mecatrónico por el Instituto Tecnológico de Monterrey (México), quien se trasladó en 2007 a Reino Unido para completar su formación en las universidades de Manchester y Cambridge. Como parte de su doctorado, Leal ha construido y perfeccionado una máquina desimpresora, que mediante un proceso de ablación con luz láser separa el tóner de la hoja sin dañar la celulosa del papel.

En 2013 cofundó la empresa Reduse Ltd. para llevar este invento al mercado.

¿Pero, cómo es posible?

La desimpresora está compuesta por un sistema de entrada de papel, un láser, un sistema de extracción y filtración de aire y otro de control de calidad. Cuando la hoja entra por la bandeja, el sistema de calidad la escanea para comprobar si puede ser desimprimida, y en caso contrario, la descarta para reciclaje. Si es apta, el láser de 30 vatios genera pulsos de energía muy cortos que hacen que aumente muy rápido la temperatura del tóner.

Esto provoca que uno de sus componentes – la resina poliéster – se evapore y dé lugar a una especie de explosión de vapor. Ésta a su vez hace que el otro componente del tóner, los pigmentos, se separen del papel en forma de partículas. El proceso produce pequeñas cantidades de CO2 y vapor de agua, que pasan al sistema de extracción, mientras que las partículas son captadas por un filtro comercial.

Por último, el sistema de calidad determina si el resultado ha sido bueno y en caso contrario, descarta la hoja. La ventaja de este enfoque es que la energía óptica del laser es absorbida sólo por el tóner pero no por la celulosa.

Al ser un proceso rapidísimo -los pulsos de energía se suceden en intervalos de nanosegundos- no da tiempo a que el calor se trasmita del tóner al papel, lo que preserva su calidad.

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Posible, si. Pero mejorable

Leal asegura que su desimpresora funciona con todos los colores de tóner y están probando varias combinaciones tóner-papel, ya que la calidad del resultado depende de estos dos elementos. En ocasiones no se elimina el 100% del tóner y están haciendo pruebas con usuarios finales para asociar el nivel de calidad mínimo requerido con los descartes que hace la máquina. La idea es que ésta opere de forma continua durante horas y sin supervisión humana. En el futuro, el joven quiere que “pueda ser integrada dentro de una copiadora” y desimprimir se convierta en “una opción más” que ésta ofrezca.

Tras 23 meses de uso, obtener una hoja con la desimpresora puede suponer un ahorro del 40% respecto a comprar una de papel nuevo, estima Leal.

Reduse Ltd. ha cerrado recientemente una ronda de inversión que les permitirá seguir trabajando en su desarrollo un año y medio más. Su mayor reto ahora es abaratar el precio del láser, el componente más caro. Un láser compatible con las especificaciones que buscan cuesta a partir de 10.000 euros, y quieren bajarlo a 2.000 para que la máquina sea “comercialmente más atractiva”.

Por otro lado, trabajan en aumentar la velocidad del proceso hasta que pueda desimprimir una página en 30 segundos; por ahora, lo consiguen en unos siete minutos.

Según Joaquín Tutor, profesor de ETSI- ICAI de la Universidad Pontificia Comillas (España) y juez de los premios MIT Technology Review Innovadores menores de 35 México 2015, la de Leal es “una propuesta extraordinaria” sustentada en “un verdadero proyecto innovador en su campo a nivel internacional”.

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