Más cosas que las personas inteligentes aprenden de sus errores (2/2)

Transformar los errores en sabiduría no sólo nos hace residentes sino que nos prepara para afrontar mejor el riesgo y los fallos.

Con información del WEF

No es una situación agradable: a todos nos desagrada equivocarnos. De hecho, esta comprobado científicamente que el malestar que se siente tiene expresiones físicas.

Sin embargo, es parte de la condición humana y, prácticamente inevitable cómo lo demuestra la NASA: los mejores cerebros del mundo a los que una y otra (y otra vez) les estallan los errores. Pero eso tiene más que ver con el pensamiento de grupo que veremos en otra ocasión.

Lo importante es que entendamos que las personas inteligentes exitosas cuentan con la mentalidad de desarrollo de la que hablamos en nuestra entrega previa y que les permite (en el mejor de los casos) que su transbordador se estrelle una sola vez por la misma causa.

Pero siempre puede haber otras: fallos ocultos que no hemos detectado… aún.

Veamos más de esas “decisiones equivocadas” que llamamos “errores” y que los más inteligentes de nosotros aprenden a superar.

3. Saber esperar

Nadie ha dicho que sea fácil pero es inteligente (además de sensato) entender que la gratificación no es algo que llega repentinamente. Ni siquiera rápido. Tampoco es sencillo.

Por el contrario, mientras más duro y prolongado ha sido el trabajo, más gratificante, duradera y satisfactoria será la gratificación.

Podríamos decir que la misma es directamente proporcional al esfuerzo (y tiempo) invertido en lograrla.

Pensar (¿desear?) gratificación instantánea es uno de los errores humanos más frecuentes de la historia.

Los más agudos de nosotros, sin embargo, saben que el lo bueno se hace esperar después del trabajo duro y utilizan la anticipación de la misma como un (poderoso) automotivador. Aprenden también a disfrutar cada paso (y logro, por pequeño que sea) en ese trayecto.

4. Olvidar que “misma acción, mismo resultado”

Se le atribuye a Albert Einstein la frase de que es una definición de locura espera hacer lo mismo y obtener un resultado diferente. No va a suceder.

Y, aunque la mayoría de nosotros suele ver que nunca dos más dos serán cinco, cuesta aceptar que las cosas NO van a pasar como anticipamos ni van a dar los resultados que creímos.

Mientras más cuidado hayamos tenido en prever los escenarios, más difícil será aceptar que hay algo que no vimos o que dedujimos mal.

Pero los más inteligentes de nosotros se recuperan más rápidamente de la frustración y no insisten en lo que no funcionó.

Ni en el procedimiento ni en el enfoque: si se requiere que el resultado sea diferente al actual, el planteamiento debe ser abordado de forma enteramente distinta.

Y, no sólo es difícil. Suele – incluso – doler.

5. Tratar de complacer a todos

La otra cara del pensamiento de grupo (en donde todos vemos todo de la misma manera) e igual de perverso, este error están frecuente que se escriben libros para que la gente entienda lo fútil que es tener tal creencia.

No es nada personal: nadie puede complacer a TODOS y, mucho menos, todo el tiempo.

De allí que los más inteligentes de nosotros aprender a desprenderse del error de los errores y aceptan dentro de sí que para ser efectivos, hay que tener el coraje de tomar decisiones que nos hacen sentir bien, aunque a otros no les guste.

En especial las posiciones de poder deben aprender a lidiar con esta seguridad.

Y si es fundador de una empresa, no puede olvidarlo.

Tampoco debe llevarlo al extremo de Henry Ford: pretender que a todos les. Guste que su auto sea negro tampoco es razonable.

Pero ESE no fue error que duró mucho aunque se dice que, hasta su muerte, el señor Ford “prefería” que las cosas se hiciesen como él decía. Solamente.

Nobody is perfect.

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