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Big Data y psicometría: dos nuevas armas para la inclusión financiera

Startups fintech, Big Data y psicometría son nuevas herramientas que están abriendo las puertas del crédito a los tradicionalmente excluídos.

Vía BID  | Por Laura Giraldo

Qué necesitarías saber de un desconocido para prestarle dinero con la confianza de que te lo va a devolver? En el caso de un banco, la respuesta es su historial crediticio, garantías y, en muchos caso, que cumplan con unos 50 criterios de evaluación de riesgo. Requisitos que millones de personas no cumplen. Pero ¿y si hubiera otras formas de medir el riesgo, basadas en la profesionalidad y la honradez?

Jennifer tiene 65 años y es dueña de un local de comidas la zona empresarial de Nairobi, Kenia. Su negocio ha sido exitoso por décadas, permitiéndole no sólo sostener su hogar si no también pagar la educación de sus tres hijos. Ahora quiere expandir el negocio, pero no tiene activos a su nombre ni ahorros, y el balance de efectivo en su cuenta es tan bajo que cualquier institución financiera le negaría un préstamo: es un riesgo.

Sin embargo, empresas como Tala, una start-up del sector FinTech de California (EE.UU.), han decidido ver a personas como ella como una oportunidad. Reconocen que a, pesar de carecer de historial crediticio, es responsable, trabajadora y, lo más importante, tiene un negocio que es y ha sido rentable por años. Entonces, ¿por qué negarle un crédito?

Para dar respuesta a esta pregunta, Tala desarrolló un algoritmo que analiza el riesgo de impago de sus clientes tomando el uso del móvil como referencia. En Kenia han recolectado datos históricos que les permite afirmar, por ejemplo, que la capacidad de repago de una persona aumenta un 4% cuando realizan llamadas a sus familiares o amigos por la noche. También saben que las personas que frecuentan los mismos lugares a diario aumentan la capacidad de repago en un 5%, y que aquellas que contactan a alrededor de 58 personas distintas al mes son buenas prestatarias.

250 millones de personas sin acceso a crédito

En el caso de Latinoamérica y el Caribe, el BID incentiva a instituciones financieras a que amplíen los criterios de evaluación riesgo y para esto se ha aliado con el Entrepreneurial Finance Lab (EFL), una empresa que ha creado herramientas psicométricas para medir la honestidad, el optimismo, la memoria y la conciencia de sus clientes como criterios de evaluación de riesgo crediticio. Un estudio reciente muestra que el uso de este cuestionario psicométrico ha ayudado a ampliar la cantidad de préstamos a personas que anteriormente no calificaban para tomarlos sin aumentar el riesgo para las instituciones financieras.

A pesar de avances como estos, es innegable que el problema persiste: 250 millones de personas, es decir, más del 60% de los adultos en América Latina, no pueden acceder a préstamos por falta de historial crediticio, y un 70% de las mujeres propietarias de PYMEs indica que los bancos no pueden satisfacer sus necesidades crediticias. Sin embargo, hay un gran potencial de mejora, ya que gracias a los avances en big data ahora es más fácil y económico recolectar, analizar e intercambiar datos.

Estás nuevas metodologías de evaluación crediticia representan una gran oportunidad para todos. Por un lado, hay un alto porcentaje de personas sin historial crediticio (más del 60%) y entre un 50-60% de las PYMEs carece de acceso a recursos financieros. Por otro lado, las plataformas de financiación alternativa (crowdfunding) han aumentado significativamente su presencia en la región (un 164% entre 2014-2015), con un volumen de transacciones que alcanza los US$110 millones y un 66% de esta cantidad destinada a financiar PYMEs. Es de esperar que estas plataformas ya estén utilizando big data o metodologías novedosas de evaluación de crédito, o que lo estén considerando.

Estamos viviendo la tercera revolución industrial y con ella en un nuevo sistema financiero más transparente y justo que beneficiará a mujeres como Jennifer y a millones de PYMEs que necesitan financiamiento. Lo que determinará finalmente qué tan rápido se disfrutarán estos beneficios en América Latina será la capacidad y voluntad de los gobiernos por adoptar regulaciones que permitan a la tecnología evolucionar para el bien común.

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